“Cualquiera que sea tu historia, bienvenido. Has emprendido un largo viaje hacia la honestidad sexual y la revelación personal. Puede ser un camino arduo, pero es el único modo de conseguir lo que deseas. En el decurso, te parecerá que hay un montón desalentadoramente grande de conocimientos que aprender; no te deseanimes. El Amo más perverso del mundo, la Dómina más imaginativa, empezaron igual que tú hoy: curiosos, excitados y algo inseguros.”
Pat Califia,
“SM. Los secretos del sadomasoquismo”

martes, 19 de abril de 2016

La Figura Del Acosador Dentro Del Bdsm. 3ra Parte

El Lado Oscuro Del Bdsm: Las Relaciones Destructivas. Por Felina.


5- El círculo del maltrato

Los acosadores y maltratadores, no solo maltratan a su víctima, si así fuera, sería muy fácil alejarse de ellos. Recordemos que también pueden ser encantadores. Por lo general, se repite una misma secuencia: hay un periodo llamado de “luna de miel”, un primer estallido de violencia, arrepentimiento, nuevo periodo de “luna de miel” y después más violencia. El círculo va girando cada vez más deprisa, mientras los periodos de arrepentimiento son más cortos y la violencia física o verbal se torna más impredecible y más extrema. 

1 La luna de miel

Al principio de la relación, es cuando el encantador o encantadora de serpientes se muestra irresistible. Recordemos que es un experto en aparentar virtudes que no tiene. Será muy atento con su pareja, cariñoso e intentará pasar cada vez más tiempo juntos, intentado que su compañía le sea imprescindible al otro. Simula ser comprensivo y saber escuchar, estará atento a las necesidades y problemas de la otra persona e intenta ayudarla en todo lo que pueda. Si es un dominante, se situará en una posición tal que trate a su sumiso o sumisa como un niño que no sabe tomar sus propias decisiones, que él siempre encontrará equivocadas. Si es sumiso, fingirá seguir en todo el consejo de su amo o ama. Es muy difícil darse cuenta de que esta postura es falsa y no resiste un análisis objetivo de los hechos. Nublan con palabras y atenciones el entendimiento de la persona que ha caído en sus redes. Al final de este periodo, se produce el aislamiento de la víctima. El acosador no puede soportar que la otra persona tenga relaciones sociales al margen de su vida en común, que puedan constituir un peligro para su encantamiento. No pueden tolerar que la otra persona tenga un apoyo psicológico en el que sustentarse en caso de un abandono al que temen más que a nada. Esto no quiere decir que no establezcan relaciones con otras personas, incluso intercambio sexual, pero en todo momento dirigidas por el acosador. Poco a poco se ven también afectadas las relaciones familiares, que se tornan tensas a causa de la intromisión de la pareja. El encantador tratará a toda costa de parecer también maravilloso en todos los círculos que frecuente su pareja y procurará por todos los medios que la otra persona quede mal delante de amigos y familiares, minando así su autoconfianza. 

2 Los estallidos de violencia

Al cabo de algunos meses, el acosador se muestra como lo que es: un egoísta al que no le importan nada los sentimientos de los demás. Si la pareja se queja y le reprocha su mal comportamiento, se escudará en todo tipo de argumentos para dar la vuelta a la situación, utilizando para ello la comunicación perversa y tornándose violento cuando se le contradice y se queda sin argumentos. Los estallidos de ira, son absolutamente imprevisibles, pero el acosador los justifica como culpa directa de la otra persona, que le provoca. La incontrolabilidad de la agresión, mantiene a la víctima en un continuo estado de alarma y estrés, y procurará no provocar a su agresor, buscando las pautas que desencadenan la violencia. El agresor, en cuando percibe esta actitud de sumisión, se muestra más y más despótico, seguro de su poder y amenazará con abandonar a su pareja, en la actitud de que ella no tiene valor y sin él está perdida. 
Las agresiones pueden camuflarse en forma de sesiones BDSM, con bastante facilidad, y éste es el peligro real que representa nuestro estilo de vida, el de dar cobertura y argumentos en un maltrato real. Por ejemplo, imaginemos que una pareja de ama y sumiso están juntos viendo plácidamente la tv. En un momento dado, el sumiso cambia de canal sin pedir permiso a su ama y ésta se enfada y le escupe y le ordena ponerse de rodillas. El hombre vivencia el insulto como lo que es: una humillación que no tiene nada de erótica. Si el ama es una acosadora y la relación ha llegado a un punto de desarrollo suficiente, fácilmente argumentará que el sumiso ha cometido una infracción grave, que el insulto no es tal, puesto que se encuadra en lo que tiene derecho a hacer un ama y que ella creía que él estaba más avanzado en su papel de sumiso, que se siente defraudada por su falta de sensibilidad y compromiso y hasta es posible que ella se eche a llorar y el sumiso se disculpe, se arrepienta y prometa mejorar su educación en el futuro. Si el sumiso comenta con otros sumisos lo ocurrido, es muy posible que le recriminen su mal comportamiento y le detallen la suerte que tiene por tener el ama que tiene. 

3 El arrepentimiento y la reconciliación

Detrás de un episodio especialmente grave, quizá la víctima se rebele y responda a su vez con una agresión, o con la amenaza de irse o toque fondo de alguna otra manera. Entonces el agresor intenta minimizar el impacto de la agresión y cuando no pueda, echar balones fuera, escudándose en el alcohol, en el estrés del trabajo o cualquier otro condicionante, intentará jugar a dar pena, instando a la compasión. Prometerá enmendarse y recompensar a la otra persona por lo sufrido. Todo es falso, ni se arrepiente con sinceridad, ni piensa recapacitar y mejorar su comportamiento, lo único que busca es retener de nuevo a la víctima para que no se vaya. Paradójicamente, la víctima se sentirá culpable y caerá en la trampa de compadecerse del otro y si el agresor es lo bastante hábil, acabará por echarse la culpa de lo sucedido y pidiendo perdón. Se abre un nuevo periodo de luna de miel en el cual la víctima cree que todo fue un mal sueño, que es posible recuperar la relación y que el otro está realmente haciendo un esfuerzo por cambiar.

4 Salir del círculo

Poco a poco, el círculo gira más rápido, y los periodos se alternan con mayor rapidez. La víctima no sabe nunca a qué atenerse, ya que el agresor alterna la violencia y la ternura sin previo aviso. La condición para obtener de él algo de amor es someterse a sus deseos, estallando en rabietas en cuanto se le contradice, por lo cual la víctima se va plegando más y más a los mandados de la otra persona y aunque parezca paradójico justifica la violencia que se ejerce sobre ella por sus propias faltas, es lo que popularmente se conoce como “síndrome de Estocolmo”. 
Volviendo al caso que nos ocupa, la víctima de una agresión trata sobre todo de encontrar una justificación a lo que le está ocurriendo, es mucho más difícil asumir que la violencia que se ejerce sobre ella es gratuita que buscar las causas dentro de uno mismo, porque la imprevisibilidad vuelve el acontecimiento traumático mucho más angustioso. Si vamos por la calle y nos roban la cartera, rápidamente pensaremos que teníamos que haber tenido más cuidado y guardarla mejor y esto mismo nos dirá todo el mundo, empezando por la policía. Ahora bien, una vez que el agredido consigue zafarse del sentimiento de tener la culpa de lo que ocurrió, es libre de verdad y entonces buscará salidas a la situación que está viviendo. 
Hace un tiempo, salió publicado en el foro de Clubsumisión -uno de los más activos de la red- el caso de una sumisa que contaba como sufrió una agresión brutal por parte de su amo y otros tres amigos suyos. Me permito referirlo, porque entiendo que si alguien relata su historia en un foro público de Internet, es porque no le importa que su caso se comente. Yo no puedo certificar cien por cien que la historia sea cierta, pero por la manera de contarlo y los detalles que se describen, es bastante probable que sea auténtica. Esta sumisa, tenía marido vainilla y quedó embarazada de su marido. A su vez, mantenía una relación paralela y secreta con un amo que le exigió abortar. Ella se negó y él, en venganza, preparó una “sesión”, en la que participaron tres personas más, en la cual ella, embarazada ya de siete meses, casi llegó a perder el bebé. Los detalles son espeluznantes y no voy a reproducirlos aquí, el caso es que aún después de aquella sesión ella aún no había sido capaz de cortar por completo la relación con su amo y aún buscaba la aprobación de aquel. 
Llega un momento en que la otra persona tiene la moral por los suelos, su autoestima se ve seriamente afectada y su capacidad de tomar decisiones racionales sobre la relación es nula. Se ha acostumbrado a vivir buscando siempre la aprobación del otro y ya no es capaz de pensar por sí misma. Su trabajo y sus relaciones familiares también se ven afectadas. A partir de aquí, o bien aguanta la situación cada vez en peores condiciones hasta que la otra persona se aburre de ella (lo cual puede suceder o no) o toca fondo en algún momento, y decide romper por fin el vínculo. Puede ser una tercera persona quien le abra los ojos o incluso leer casos parecidos en un foro de Internet, pero casi siempre esta reflexión es repentina, en algún momento la víctima vive una situación concreta tan extrema que no puede asimilarla y entonces tiene un momento de lucidez y cambia su percepción sobre su agresor. Sin embargo la ruptura no es fácil por dos razones: la primera, la víctima a estas alturas ya es dependiente emocionalmente del agresor, se ha vuelto “adicta”. Le tiene miedo pero a la vez siente que le ama y le necesita. No es un amor y una necesidad reales, pero la víctima no lo percibe así. A pesar de lo mal que se siente con él, necesita un esfuerzo muy grande de voluntad para alejarse. Se cruzan en su cabeza sentimientos de culpa y vergüenza, ya que ella consintió la relación y ahora encuentra muy difícil reconocer ante los demás y ante sí misma su equivocación. Se siente humillada ante los demás y por eso esconde los signos de que la relación va mal. Este sentimiento de confusión y humillación es aún más intenso en las relaciones BDSM, ya no se es capaz de separar los límites de las sesiones voluntarias y pactadas con las agresiones. Romper con todo ello y reconstruir una vida rota, requiere dosis de valor muy grandes. Es muy posible que todo su entorno haya sido mediatizado por el agresor y lo tenga en su contra. A su vez, el agresor no permite que la víctima se aleje y el acoso se vuelve constante, por móvil, por email, le va a buscar al trabajo, habla con sus parientes más cercanos y la trata de loca, es en este momento cuando el agresor es más peligroso y cuando se producen los homicidios por violencia de género. Y por esta razón, no siempre es lo mejor para la mujer denunciar su situación, muchas mujeres no denuncian su situación a las autoridades, y en el caso de que el maltratado sea el hombre, es muy probable que se encuentre con que ha sido falsamente denunciado por su pareja con anterioridad en una situación irónica, pero sin ninguna gracia. En el caso de las relaciones BDSM, la amenaza por parte de la sumisa de malos tratos ante las autoridades, es muy real, y puede volverse una forma de chantaje. En cambio, si es el sumiso o sumisa la que sufre la situación de maltrato, una denuncia se hace casi impensable, puesto que a la vergüenza que de por sí suscita la situación, se une el miedo a reconocer una sexualidad distinta que probablemente se mantiene oculta ante el entorno más cercano.

6 Las secuelas del maltrato

1 El perfil de la víctima

Hay de descartar el mito de que existe un perfil específico de las víctimas: mujeres que han sufrido maltrato en la infancia, con poca autoestima y bajo nivel cultural, muchas de ellas extranjeras de países donde aún son muy machistas. Este es el perfil de las mujeres que aparecen muertas en tv, es lo que vende. Nos encantaría a todos que este perfil fuera cierto, ya que entonces la mayoría estaríamos a salvo de los acosos. Por desgracia, no es verdad. Cualquiera puede tropezar con un acosador en algún momento de su vida, en el trabajo, en la familia o en la vida sentimental, y no se corresponde en absoluto con el nivel cultural, ni económico, ni con la ciudadanía. Es más, sabemos que a mayor nivel económico, mayor desprotección de la víctima, que de ninguna manera se atreve a recurrir a los servicios sociales y aún menos a poner una denuncia. Es más, ya hemos comentado anteriormente que no existen malos y buenos en psicología, una persona maltratada, puede ser a su vez maltratadora.
 Lo que sí habría que descartar de plano es el mito de que las víctimas son más débiles que el agresor, personas sin voluntad, fáciles de manipular, sin agallas para enfrentarse a una situación injusta. Esta fotografía de la víctima como una persona de baja autoestima, anulada, es el resultado del proceso intrínseco del maltrato, que no eran así antes de conocer a su agresor. Por el contrario, Hirigoyen (2000) establece en sus estudios que las víctimas (mujeres, por supuesto) son personas altamente competentes en lo social y lo laboral, razón por la cual son envidiadas por los acosadores. Ellas son personas con un alto sentido de la responsabilidad y con tendencia a autoculparse. Ellos explotan esa tendencia al máximo y les dan una razón para sentirse culpables. Víctima y agresor se buscan, se necesitan y se atraen como el imán al hierro. Un acosador narcisista evita a toda costa relacionarse con los que son como él y se siente atraído por aquellas personas a las que puede deslumbrar. A su vez, las víctimas necesitan alguien a quien admirar y se dejan seducir fácilmente. Esto quiere decir, que rota una relación de acoso, los agresores buscarán otra víctima y los agredidos otra agresión, pues han aprendido a asociar cariño y violencia y ya no pueden racionalizar este vínculo.
Personalmente no estoy del todo de acuerdo con esta teoría que plantea una segunda victimización por parte de los propios profesionales, estableciendo una categoría específica de personas que van buscando por ahí ser vapuleadas. También significa que ni la víctima, ni el agresor tienen remedio, ya que está en su naturaleza comportarse como lo hacen. Sinceramente pienso que cualquiera puede caer en manos de un acosador y no ser consciente de estar siendo manipulado, en especial, si se ha enamorado de él. Sí que parece que haya personas que buscan las relaciones destructivas, ya que caen una y otra vez en los mismos errores, pero hay que entender que una persona que ha pasado por ese proceso queda vulnerable a volverlo a sufrir, no porque en principio sea más débil que las demás, ni porque en el fondo “le guste” o lo necesite, sino por ser alguien que ha visto minadas su voluntad y su autoconcepto, quedando fácilmente a merced de desaprensivos que se aprovechan de ella. Y por muy fuerte y muy “bien amueblada” que tenga la cabeza una persona, si el acoso es lo suficientemente profundo y prolongado se acaba por quebrar su voluntad. Sin embargo, ya dice el refrán español que “lo que no te mata, te hace más fuerte” y también es posible salir de una relación destructiva con más conocimiento de uno mismo y más seguridad en lo que uno cree y piensa. Las personas tienen capacidad de aprender, evolucionan, no tienen por qué repetir siempre los mismos errores. En cuanto al agresor, también puede entrar en tratamiento, seguir una terapia, mejorar y aprender a valorar a los demás, sobre todo si la base de su agresividad es a su vez una situación de violencia vivida en el pasado que no ha podido ser procesada ni a nivel emocional, ni a nivel cognitivo. Aunque hay que decir, que la empatía, si no se ha desarrollado en la infancia, es muy difícil que se llegue a sentir después y que las personalidades psicopáticas, hoy por hoy, no tienen tratamiento. 

2 Trastorno de estrés postraumático

El Trastorno de estrés postraumático es un problema psicológico ocasionado por la experiencia de violencia vivida. Una sesión demasiado violenta, donde se han roto los límites de la persona, ya sea del dominante o del sumiso, puede producir estos síntomas:
− Flasbacks, o repetición de la escena de manera intrusiva. De repente pueden aparecer sin previo aviso un pánico incontrolable, un sentimiento de peligro y de angustia que puede venir o no junto con imágenes y recuerdos de la escena vivida. Estas intromisiones pueden ocurrir en la vida cotidiana y/o en sueños. 
− La hipervigilancia. La persona está permanentemente tensa, aterrorizada, ansiosa, sin que pueda explicarse muy bien porqué. El corazón le palpita, le sudan las manos, se muestra agresiva e irritable y no duerme, ni come bien. 
− Evitación de situaciones que le recuerden la experiencia vivida, por ejemplo, puede dar largos rodeos para evitar un lugar temido, pero además puede ser que evite el color de la prenda que llevaba la persona que causó el daño o cualquier otro estímulo. Si el trauma es lo suficientemente violento, es posible que ocurra un fenómeno llamado “disociación”, en el cual la persona experimenta la aterradora sensación de que ella no es ella. Es muy complicado explicar esta sensación para el que no la haya vivido y puedo asegurar que es aterradora. Es muy probable que la persona olvide detalles importantes del trauma, o se borre por completo el recuerdo consciente de lo que ocurrió, sin embargo, el trauma se re-experimenta en forma de pesadillas, miedo intenso y dolencias físicas, (dolor de cabeza, úlcera de estómago, etc) 
Estas sensaciones, suelen desaparecer al cabo de un mes, en el cual la persona ha absorbido la experiencia y la ha procesado a nivel neurológico. Sin embargo, si el trauma es profundo y la experiencia traumática se prolonga en el tiempo, por ejemplo en la forma de un maltrato repetido, se puede presentar un trastorno crónico en el cual se ve afectada la personalidad de la siguiente manera: 
− Desesperanza, absoluta desilusión por el futuro que ven como algo terrible y negro. − Pensamientos catastróficos sobre su propia vida y la de los demás. 
− Distimia, estado de ánimo depresivo, con pocas ganas de iniciar retos nuevos. − Agresividad injustificada, se sienten atacadas sin base real. 
− Temor constante y no siempre bien definido, es una sensación de opresión continua. − Baja autoestima. 
− Rasgos paranoicos, ya que siempre esperan lo peor de todo el mundo. 
− Egoísmo. Puesto que su percepción de los demás y del mundo, es tan negativa, no confían en los demás, les cuesta empatizar y se muestran egocéntricos y reconcentrados en sí mismos. 
Sin embargo, la gravedad de de estos síntomas es muy variable. Existen algunas personas que llamamos “resilentes”, gente que ha vivido situaciones terribles, potencialmente muy traumáticas y sin embargo, no manifiestan ninguno de estos síntomas o incluso salen fortalecidos en su psique. Son factores de protección: 
− Buenas relaciones sociales y familiares.
 − Apoyo del entorno. 
− Buena autoestima antes del evento traumático. 
− Creencias religiosas. 
− Una infancia feliz. 
− Ser capaces de meditar sobre el trauma e integrarlo en su experiencia personal. 
Hay que aclarar, que si bien no existe un perfil definido para la víctima, sí es cierto que las personas que sufren este trastorno, son más vulnerables a padecerlo de nuevo y si la experiencia traumática tuvo lugar en la infancia y, sobre todo, las agresiones se dieron lugar por parte de familiares cercanos, el vínculo entre amor y violencia se mantendrá en la vida adulta. Así mismo, puesto que la elección de la pareja que hacemos de adultos, depende directamente de los patrones aprendidos en la niñez, una niña maltratada por su padre, que no haya asimilado el trauma y recapacitado sobre él, tiene muchas posibilidades de elegir en el futuro un acosador como pareja, ya que este es el modelo de hombre que aprendió a querer en la infancia. En los hogares donde el padre era maltratador, las niñas son, con mucha probabilidad, futuras víctimas y los niños, futuros agresores, sin embargo, no hay estudios suficientes que avalen si ocurre lo contrario cuando el maltrato se produjo por parte de la madre, siendo este un punto aún por estudiar, ya que estos casos, son menos frecuentes y más difíciles de detectar.

7- Otra Tipología Potencialmente Peligrosa 

7.1 Celosos patológicos

La celopatía, es la obsesión por los celos, la persona vive con la duda constante de la fidelidad de su pareja, trata por todos los medios de disipar esa duda, intentando pillar in fraganti al otro. Cuando descubre que sus celos son infundados, se tranquiliza, hasta que la duda vuelve a crecer en él y comienza de nuevo sus pesquisas. Lo curioso del caso, es que en cada ocasión, los ataques de celos son más y más fuertes. Sus celos son paranoicos, infundados, y vive un auténtico infierno, sufre y hace sufrir a su pareja. Es un problema que padecen por igual hombres y mujeres. Son personas dependientes emocionalmente, inseguras y que tratan a sus parejas como objetos de su propiedad. Existe una variante llamada “celopatía alcohólica”, causada por el delirio del alcohol.
Muchas personas gustan de que sus parejas sean algo celosas porque así demuestran que les quieren. Esta idea es falsa y muy peligrosa ya que confunde amor y dependencia. 
Los celos dentro del BDSM son doblemente peligrosos, porque rompen la confianza necesaria para que las sesiones discurran con tranquilidad. Es muy peligroso dejarse caer en manos de un celoso, porque no es capaz de controlar sus emociones, y pueden convertir una sesión en una forma de descargar sus celos. Pero es igualmente angustioso caer con un sumiso o sumisa celoso y posesivo. 

7. 2 Adicto a substancias o adicciones sociales

Alcohol, drogas, juego patológico, etc... las adicciones no son buenas compañeras de cama, sea cual sea el tipo de relación con esas personas, será problemática. Si es un amo o ama, puede resultar nefasto por su falta de autocontrol, pero en el caso de ser sumiso o sumisa, su amo o ama, puede caer en la tentación de querer guiar a esta persona, arrastrando problemas que no son suyos. No es posible ayudar a quien no quiere ayudarse. 
Por cierto, existe una adicción social que se ve potenciada por el BDSM: la adicción a la pornografía y la adicción a Internet. En el primer caso, la falta de una pareja con quien realizar las propias fantasías sexuales, puede avocar a un consumo compulsivo de pornografía del que ya no se pueda prescindir. Como bien sabemos todos, la vida social de los practicantes de BDSM se articula alrededor de Internet, de esta manera quedamos, nos conocemos, se forman clubes y se plantean fiestas. Muchos de nosotros nos conocemos por chat antes de vernos, por lo que no es de extrañar que esto pueda avocar a una adicción a la red. 

7.3 Pasivo-agresivos

Una persona pasivo agresiva, es aquella incapaz de expresar asertivamente sus sentimientos y opiniones, no defiende su espacio y sus ideas, se deja pisar con facilidad, pero ojo, devuelve cada golpe recibido por duplicado. Son retorcidos, rencorosos y crueles, acumulan las faltas cometidas por los demás y las devuelven a traición. En el BDSM, serán probablemente sumisos, capaces de decir que sí a cualquier cosa, pero dispuestos a devolver cualquier afrenta por la espalda. 

7.4 Dependientes 

La dependencia es un rasgo de muchas personalidades patológicas, pero cuando éste es el rasgo principal de una persona, se convierte en alguien temeroso de enfrentarse a los retos de la vida diaria, incapaz de tomar decisiones y de asumir responsabilidades. Se comportan como niños pequeños y por tanto, cuando tienen pareja se “cuelgan” de ella, aterrorizados por la idea de un abandono. Se cuelgan de los dominantes, como excusa para no enfrentarse a sus propios problemas y resolver sus conflictos internos. Podría pensarse entonces que sólo serán sumisos y sumisas, pero en absoluto esto es así, pueden tener el papel de amos y llevar (o no) el control de las sesiones, pero ser dependientes para todo lo demás. Es más, muchos tratarán de ocultar su dependencia en forma de prepotencia. 

7.5 Trastornos mentales graves

Por último, y a mi juicio, deberían abstenerse de participar en las actividades de BDSM, aquellas personas con trastornos mentales graves, aunque la enfermedad esté en una fase inactiva, sobre todo en el caso de: 
Depresiones profundas. 
Bipolares. 
Esquizofrenias. 
Cuadros graves de ansiedad. 
Personalidad antisocial, límite o narcisista. 
Ocurre el caso, de que muchas de estas personas, sobre todo aquellas con trastornos de la personalidad, son atraídas por el BDSM como práctica de riesgo, de modo que si sabes que tu compañero de juegos padece alguna de estas alteraciones, es mejor que no sigas por este camino, por mucho que éste te asegure que se encuentra bien. 
La razón de que deban abstenerse, no es por supuesto que no sepan controlarse o que la enfermedad les impida llevar una vida normal, es una simple medida de precaución, ya que las emociones fuertes pueden funcionar como disparador o detonante de un cuadro florido, es decir, de una crisis psicótica o a una desorientación espacio-temporal de efectos persistentes. Son especialmente peligrosas en estos casos, las inmovilizaciones, la deprivación sensorial y el dolor intenso. Por la misma razón, deberían abstenerse de prácticas extremas, personas con epilepsia y otros trastornos físicos en los que no voy a entrar, porque no es mi campo de conocimiento.

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